La historia de los treinta dólares…prestados.

Nunca pensé que contaría esto tantas veces. Mi historia de los treinta dólares resume en una buena parte un antes y después en mi vida. Así que les voy a contar como es que con esta historia terminé de corroborar que cada cosa que hacemos y “poseemos” es la unión de varias decisiones, no solo nuestras, si no también, de las personas que nos influenciaron/ayudaron para llegar donde estamos.

Tenía 19 años y básicamente mis ingresos eran nulos y un poco turbulentos, mi estabilidad financiera se había quedado en alguna esquina tomando un café mientras yo la buscaba entre proyectos erróneos y un par de empleos a los que (aún si no tenían ABSOLUTAMENTE NADA QUE VER con mi carrera) tengo que agradecer la experiencia que gané. Desde ser maestra hasta organizar fiestas, todo con tal de encontrar que era lo que quería.

Creo que todo empezó cuando me sentí presionada por la peor mejor persona que me podía presionar: yo misma. En ese momento no estaba estudiando (tuve que dejar la Universidad por los mil y un problemas), esto me ayudó a pensar con más rapidez y precisión; mi objetivo era volver a estudiar, graduarme y ser feliz. Sin embargo, no conseguía un trabajo con el que me sintiera cómoda y ganara lo suficiente para volver a estudiar, así que eso de la felicidad me estaba agobiando más que cualquier otra cosa. Sostengo que tanto tiempo libre me ayudó a conocerme y a dirigir mi velero personal, así que con un poco de tiempo para nivelar mi dirección y la convicción de que necesitaba un trabajo y no lo encontraba, me hice uno.

Mi última experiencia laboral, antes de emprender, fue en el área del diseño. Agradezco mil veces a la valiente que me contrató, por que sinceramente yo no sabía muy bien lo que estaba haciendo; como presentarme a un cliente, como montar un proyecto y tantas cosas que la observación y la practica me han regalado, ni siquiera sabía diseñar que era para lo que, supuestamente, fui contratada. Así que, GRACIAS señora, si usted esta leyendo esto, por contratarme en ese momento, aún cuando usted terminaba de explicarme lo que debía de hacer. Una mujer valiente, en verdad.

Todavía conservo la libreta que vio a Puffins® nacer. Fue mi tercer intento de empresa (la tercera es la vencida, ustedes saben). No tenía un plan de negocios, mucho menos un plan de mercado y publicidad, la verdad ni siquiera sabía bien que hacia; solo sé que un día me senté con esa libreta, una plumilla y empecé a escribir que quería hacer, para que me consideraba buena y como iba a hacer de eso un negocio. Estaba tremendamente emocionada y era todo lo que para mi importaba; amar mi trabajo.

Tengo un listado de 50 posibles nombres, pero al volver el proyecto algo tan personal, quería que su nombre lo reflejara. Puffins® de Puff, inflado y redondo (si, como mis cachetes y mi apodo de octavo grado) ¡Ese era! y en una factura, luego de un café helado, estaba el logotipo, ideas de personajes, números de proveedores, precios, costos, etc.

Luego de hacer cuentas y tardarme un poco más de tres meses en comenzar, aparecen los famosos treinta dólares; eso era justo lo que necesitaba para iniciar, por supuesto que no tenía como invertirlos y dejar pasar tiempo para recuperarlos de mi propio dinero, era como hundirme más en mi pozo financiero.
Hice mis cuentas y le presenté mi plan al único prestamista que daría la cara por mi en ese momento….Mi papá. Seguramente el no entendió bien de que se trataba, pero creyó en mi y eso me ayudó a creer en el proyecto. El fue, el me prestó los treinta dólares y me retó a invertirlos y multiplicarlos en menos de un mes.

Con cero stock y el corazón palpitando bonito abrí la tienda virtual en redes sociales. Facebook, quien ha sido de mis mejores socios, me ayudó a que mis amigos se apiadaran de mi y encontraran algo que les gustara entre los diseños aplicados a distintos productos que subí a mi página, gracias a Dios, así pasó y lo demás es historia. Han sido 4 años (y un poco más) y a veces pienso que todo pasó rápido, sin embargo, ha sido un camino lleno de mil cosas lindas y otros sacrificios que los dejaré para otro post.

Si se lo preguntan, los treinta dólares si se los devolví a mi papá. El día que entré a su habitación a limpiar mi honor con el dinero en mano, el no quiso recibirlos, pero para mi era más importante devolverlos que cualquier otra cosa, era la señal que había podido cumplir el reto; y ya que, no quiso recibirlos compré una pizza (con postre y todo el combo, por supuesto) para mi familia.

Gracias a esos treinta dólares el Diciembre pasado me pude graduar y estoy aquí contándoles como con tan poco dinero invertido, la vida me ha dado un curso de lecciones y alegrías, personas increíbles y un par de anécdotas que me han permitido abrir este blog y que poquito a poquito iré compartiendo.

Gracias por leerme, de verdad que es  bonito tenerlos cerca.

Sus comentarios aquí abajito o en aloha@kleviee.com :)

Nos leemos pronto

¡Chau!



I never thought that I would tell this story so many times. My 30 dollar story summarizes a turning point in my life. With this story I will show you how everything we do and end up having is a combination of decisions, not only ours but from everyone that ever influenced us.

I was 19 years old and basically my income was null. My financial stability had left me at some corner drinking a cup of coffee while I searched for it with some bad projects and a few jobs (That had nothing to do with my career), nevertheless I am thankful for all the experienced I gained. From being a teacher to organizing parties. Basically anything that would help me find what I wanted.

I think everything started on a journey filled with pressure just like pilot flying his aircraft.  At that time I wasn’t studying (I had to leave college for the thousands of problems), this helped me to think more rapidly and with precision, however my objective was to go back to college, graduate and be happy. In the meantime I wasn’t able to find a job that I liked, or that paid enough for me to go back.  So happiness was overwhelming me more than anything else. One thing I cannot deny is that all that free time helped me know myself better, and since the right job wasn’t coming I decided to make myself one.

My last job experience before becoming an “entrepreneur” was in design. A thousand times I thank for the brave person that became my client, since I wasn’t really aware of what I was really doing. Introducing yourself to a client or mounting a project were unknown to me. I didn’t even know how to design anything (AND THAT’S WHAT I GOT HIRED FOR). Thank you Ma’am, if you are reading this, for hiring me in that period of my life, and paying me even when you ended up telling me how to do the job I was hired for. A brave woman indeed.

I still save the sketchbook that saw the birth of Puffins ®. It was my third attempt at creating a business, (The third one is the charm you know). I didn’t have a business plan, and audience or publicity, to be honest I didn’t know what I was actually doing. I just know that one day I sat down with that sketchbook, a rollerball pen and my thoughts. I started writing what I wanted to accomplish, the things I was good at, and how I could make that a business. I was really excited and all that mattered to me was that I loved my job.

I have a list of more than 50 possible names, but being a project so personal I wanted the name to reflect that. Puffins ®, Just like Puffy something inflated and round (Yes, like my cheeks and also my 8th grade nickname.) That was it!! That name stuck in my head, and behind a bill after an iced coffee I even had illustrated a Logo, written ideas for characters, prices and costs.

After doing some research on accounting and some other areas, it took me a little bit more than three months to begin. This is where the famous $30 dollars appear. It was exactly what I needed to start Puffins ®, and of course I didn’t have the money. It was like trying to get water from a drywell.

After some more tinkering with my finances, I presented my business plan to the only bank that would listen to me… MY DAD. Surely he didn’t understand what my business was about, but he believed in me. After lending me the $30 dollars he challenged me to multiply them in less than a month, and that gave me the boost of confidence I needed.

With no stock and my heart beating with happiness I opened the Facebook shop, and it became my best business partner. It helped my friends feel some mercy for me and find one or two designs that they liked and buy them. Thanks God that is how it started and everything else is history. It has been 4 years, and a little bit more, and sometimes I think that everything happened to fast. However it has been a road full of happiness and sacrifices (which I will leave for another post.

If you ask what happened to the $30 dollars, I “gave them back” to my father. The day I came to clean my name and debt, I entered the room and he didn’t want to take the money, but to me it was really important to give them back. I has succeed in his challenge and had the money to prove it! So after his denial I bought a pizza for the whole family (with dessert and everything), and my financial name was saved that way.

Thanks to those $30 dollars last December I graduated with a degree in graphic design and I am able to tell this story to you. Life taught me that with so little money invested. It also gave me multiple lessons, much joy, and many stories that have allowed me to open this blog and I hope little by little I’ll be sharing with you.

Thanks for reading me, it’s really fun to have you this close.

You can Post your comments down here or at aloha@kleviee.com

Reading you soon

Ciao!